Mercado matutino y excursión

El sábado pasado fue un largo e increíble día de excursión. Para empezar, quedamos a las 5 de la mañana, cuando aún no han puesto ni las calles, y todavía es de noche. Nos dirigimos a 高知中央卸売り市場, el mercado de pescado al por mayor de Kochi. Ahí es donde los barcos  desembarcan la pesca de esa noche, y el pescado es limpiado, cortado y envasado para la venta a mayoristas, dueños de restaurantes, pescaderías…  Principalmente venden atún, atunes enteros de más de un metro de largo, de los que aprovechan todo. Así que después de dar una vuelta, compramos algo de pescado crudo, y nos fuimos a tomarlo para desayunar a un bar cercano. Acompañado de arroz, sopa de miso y té, por supuesto.

Ya amanecía y nos fuimos a una famosa playa de Kochi, Katsurahama (桂浜). Desde ella, la estatua de Sakamoto Ryoma observa un apacible océano pacífico, donde estuvimos un rato haciendo el cabra. Después de hincharnos a hacer fotos y limpiarnos la arena de los pies, cogimos el coche y nos dirigimos a nuestro siguiente destino: Umajimura (馬路村).

Dos horas después llegamos a Umajimura. Es un pequeño pueblo perdido entre montañas y ríos, donde apenas hay señales de tráfico o tiendas, y ni un semáforo. Ahí es donde por primera vez me bañé en un onsen, el baño-spa-aguas termales tradicional japonés. En este caso era un pequeño onsen, y barato (3 euros), donde si tenías mucho calor podías salir a la terraza al pie del río y disfrutar del paisaje. Sólo puedo decir… increíble.

Después de un merecido descanso, hicimos una pequeña excursión, subiendo una montaña por diferentes caminos entre los que había una pista americana en medio de la montaña.

A la vuelta, alquilamos unas bicis y dimos una vuelta por la zona, visitando una panadería famosa y una fábrica de yuzu. Toda esa zona es famosa por este cítrico, que aunque a simple vista parece una mandarina de naranjo borde, en verdad tiene un sabor intermedio entre lima, limón y mandarina. Se utiliza para especias, salsa y zumo, del cual pudimos degustar una botella gratis por haber hecho la visita.

Finalmente nos volvimos a casa, donde celebramos una fiesta nabe (estofado) acompañado de agua de Valencia. ¿Conoces una forma mejor de acabar el día?

visita a Hiroshima

Este lunes estaba disfrutando de un buen donburi en el comedor de la universidad, cuando mi amigo Toshi me dijo: “mañana me voy a Hiroshima con un amigo y hay sitio en el coche. ¿Te quieres venir? El viaje lo paga la empresa (arubaito)”. A la tercera vez que me lo repitió lo entendí del todo y me apunté de cabeza, por supuesto, ya que el día siguiente era festivo, El día de la Cultura.

El martes salíamos de Tosayamada a las 5 de la mañana, y tras 3 horas y media, llegamos a Hiroshima. Dejamos el coche en un párking robotizado, de esos que te elevan el coche con una grúa hidráulica y lo guardan dentro de un edificio, como si metiera un par de zapatos en un cajón… por supuesto, lo grabé en video:

 

Después me despedía de Toshi y Kojirou para aventurarme en solitario por las calles de Hiroshima. Es una ciudad bastante grande, con más de 1 millón de habitantes, pero como sólo iba a visitar el centro, me desplacé andando. Primero visité el Memorial de la Paz (Cúpula Genbaku), un edificio que ha sido preservado tal y como se encontró después del bombardeo. Resulta sobrecogedor ver el impacto que tuvo una bomba causante de 140 mil muertes… Cerca de la Cúpula hay un parque con museos, cenotafios y demás, pero lo que más me llamó la atención fué la Llama de la Paz, que permanecerá iluminada hasta que se extinga la amenaza nuclear en el planeta Tierra.

A continuación visité el castillo de Hiroshima, que como era el Día de la Cultura, me salió gratis. El castillo por dentro ha sido reformado en un museo, con objetos, videos y hasta ¡ropa de samurai que te puedes probar! Resulta gracioso como se iba reduciendo el espacio entre plantas conforme subías, y arriba del todo la vista era magnífica.  También me paseé por el Santuario, al lado del castillo, donde las familias se paseaban con trajes típicos japoneses (boda? día festivo? chi lo sa? )

A mediodía nos reunimos de nuevo para degustar la comida típica de Hiroshima: Hiroshimayaki, un tipo de okonomiyaki con fideos. Buenísimo y muy recomendable, aunque el especial que me tomé llevaba de todo: cerdo, gambas, pulpo, yakisoba, … no apto para todos los gustos 😛

Camino a la estación de tren me adentré en Shukkei-en, un apacible jardín japonés que, por ser el día que era, también me salió gratis. Lo visité con prisas porque estaba impaciente por mi siguiente destino: Miyajima, uno de los parajes naturales protegidos más bellos de Japón.

Miyajima es una isla a unos 15 km al suroeste de Hiroshima, donde se encuentra el santuario sintoísta de Itsukushima. Después de 25 minutos en tren y 10 de ferry, el mar interior de Japón me deslumbró con una increíble vista de la isla. El santuario está construido sobre el agua, y la “entrada” al santuario (Toori) es una enorme puerta de 16 metros de altura que se encuentra a unos 100 metros del santuario, mar adentro. Dependiendo de la temporada y la hora a la que vayas, se puede llegar hasta la puerta, si la marea está lo suficiente baja, como fue mi caso.  Pero lo que más me asombró fué la enorme cantidad de ciervos salvajes que había por las calles, al alcance de la mano (ojo si llevas algo que se lo comen!). Por supuesto, me hinché a hacer fotos a los ciervos, incluso grabé una pelea entre dos ciervos luchando por una deliciosa revista, yummy! Finalmente me compré un postre típico de ahí, momiji manjyuu, y me volví a Hiroshima, donde me esperaban para cenar. Como llegué pronto me paseé un rato por Hondori y compré algunas cosas (benditas Hyaku-en-shop! habrá post). Y ahora, algunas fotos, que prefiero ponerlas como galería en vez de maldistribuidas a lo largo del post:

La habitación 310, 310番の部屋

Ya me lo dijo Santi: “cuando toque escribir algo, pero no sepas que contar, enseña tu casa”.  Así que allá vamos.

Vivo en el dormitorio de la universidad para alumnos extranjeros hombres. ¿Significa eso que hay otro dormitorio para las chicas? Pues sí, y más cerca de la universidad, donde también hay otro para alumnos de primer año. Pero el mío es individual, está en el mismo pueblo y tengo el súper al lado, cosa que ninguno de los otros tiene. A cambio, me tengo que hacer 10 minutos de bici todos los días para ir y otros 10 para volver. La bici es como todas las de aquí: de paseo, con cesta, dinamo+linterna, marcha única y una pinza para asegurarla. Antes de venir la cesta me parecía una chorrada, pero ahora lo veo indispensable para hacer la compra o llevar la mochila. Dado que estamos en una zona bastante rural y el transporte público es escaso y malo, casi todo el mundo se desplaza en bici o en algo más rápido, no suele haber casi gente andando por la calle.

El edificio y la habitación es la clásica de anime, si habéis visto alguno. La habitación está en un 2º piso (3º para ellos) y se accede por un pasillo-corredor al aire libre. Nada más entrar te descalzas y a disfrutar del confortable parqué. Tengo una cama normal, con mueble, colchón, etc., un escritorio, una mesa para comer en el suelo, baño propio, … y lo más interesante, una utilísima Kitchenette. Una Kitchenete es una cocina en miniatura, que en mi caso consiste de una mini-nevera, un fogón eléctrico, una pila, un armario y algunos estantes donde apenas caben todos los productos de cocina y comida. En las fotos veréis bastantes trastos, pero gracias al portero no he tenido que comprar casi nada. Me han dejado la mayoría de herramientas de cocina de anteriores estudiantes. ¡Incluso tengo un calentador de agua eléctrico, y otro de arroz! En Asia se utilizan mucho para el té, el café, comida instantánea… y la máquina de arroz es indispensable en todas las comidas, pero sólo para hacer arroz blanco.

En definitiva, un acogedor y encantador pequeño hogar. El único pero es la ducha, que es compartida y está en la planta baja (1ª). No quiero ni pensar cuando empiece a hacer frío lo que será bajar en pijama…

Mi tejado

Mi tejado

Primeros días

Ya han pasado 3 días desde que llegué, y me lo estoy pasando genial. Resulta soprendente realizar actividades cotidianas como despertarse, leer los feeds del reader (geek, I know), salir de la ducha, etc. y al volver a conectar con el mundo pensar: “¡wow! ¡Estoy en Japón!

En estos días iniciales de papeleo siempre voy a todas partes con el resto de alumnos de nuevo ingreso, que son todos chinos. Y todos chapurrean el inglés con una pronunciación y un nivel peor que un niño pequeño… pero no de esos de Aprende Inglés TV, no. De los otros. Pero lo peor es que pasa lo mismo con la mayoría de japoneses, no saben crear una frase entera decente, así que al final acabo haciendo de traductor entre chinos y japoneses… Afortunadamente, me voy a apuntar a clases de inglés con profesor nativo, así al menos mi inglés sobrevivirá… como pueda, como El PenÚltimo Superviviente.

El clima es otro cantar. La época de monzones ya ha acabado, pero debido a un par que están azotando Indonesia, aquí sufrimos cierta influencia. Entre la humedad y las nubes, todos los días está lloviendo desde que llegué. el más hardcore ha sido hoy. He estado jugando con chinos y japoneses a básket, badminton y ping-pong -me he quedado flipado con el nivel de badminton que tienen, y eso que parecía un juego chorra-. Pues para volver, con los pantalones cortos de basket, me subido en mi superbici de paseo, conectado la dinamo, puesto el chubasquero, y con un diluvio de mil demonios he empezado a avanzar por la sutilmente iluminada carretera. Pero entre los 25º que hace y la sudada debido a las cuestas, la lluvia se agradece.

Fotos próximamente! (cuando me compre una cámara decente)

Llegar a Japón

Porque una cosa es volar hacia Japón, pero llegar a Japón haciendo 3 escalas es otro cantar. Cuando te preparas para estar horas y horas en diferentes aeropuertos, matando el rato con lo que puedes, hasta acabar tremendamente aburrido…

Se dice que en España somos más permisivos con el exceso de equipaje, pero en Valencia fué el único sitio donde me cobraron por ello. Ya en Milán, la primera escala, lo único interesante de las 4 largas horas pasadas allí fue encontrar internet en los baños, y comprobar que Lufthansa (agencia alemana) no me cobraba por exceso de equipaje. Además te tratan bastante bien, y te sirven cerveza alemana en el vuelo -mmm Warstenier- aunque creo que ofendí a la azafata, porque ante la pregunta de “la cerveza está fría?” me contestó secamente “Nosotros no servimos cerveza caliente” ¿humor alemán?

Una vez en Frankfurt llegué tan pronto que incluso ví atracar al avión que 5 horas después yo iba a embarcar. Ya es la 2ª vez que estoy en Alemania, y también otra vez durante 5 horas y en un aeropuerto. Fué interesante ver cómo trabajan los técnicos y reabastecen el avión (por decir algo).

Y por fin el gran viaje, el clásico con pantalla, mando propio y sistema multimedia. Además te ponían la vista de varias cámaras (abajo, arriba, delante) colocadas en el avión durante el aterrizaje y el despegue. 3 películas y varias siestas después, por fin llegué a Tokyo. A pesar del cansancio, es un auténtico shock cultural llegar a Japón, y practicar tus primeros pinitos reales en japonés para desenvolverte… porque en inglés lo llevas crudo, me costó 4 repeticiones entender a la chica de la aduana decir “university”, pronunciado “ianivaasizi”, tal cual…

Lo interesante de Tokyo es que no me aburrí, ya que tenía que cambiar de aeropuerto, de Narita (internacional) a Haneda (vuelos nacionales), y de nuevo volver a facturar. Por tercera vez. Resulta curioso ir en un vuelo donde eres casi el único caucásico rodeado de japoneses. Esperando en la zona de embarque, cotilleé los baños, y al lado de la clásica letrina japonesa había un moderno váter con botones, sensores y chorros. El ejemplo perfecto de cómo japón junta lo viejo y lo nuevo. Por supuesto, tuve que probarlo, fué toda una experiencia 😀

Después, mientras seguía esperando y cotilleando tiendas japonesas llenas de extraños productos y curiosos sabores, me compré… ¡mi primer meron-pan! (pan de melón) Con una textura de bollicao, dulce como un buen croissant, y un suave gusto a melón… おいしかった!(estaba buenísimo).

Finalmente, mi último vuelo ha sido rápido, porque al lado mío se sentó una americana (eramos los únicos no japoneses de todo el avión), y estuvimos de charreta todo el viaje. Una chica muy maja, podéis visitar su blog aquí.

Al llegar a Kochi, vino a recogerme Kiyooka-san, encarga de relaciones internacionales de la universidad, y me ha traído al dormitorio. Pero no acaba aquí la cosa, porque habían venido a verme al dormitorio Toshi-san y Yuki-san para llevarme a cenar por ahí. Acabamos en un izakaya (clásico bar japonés) donde nos descalzamos para comer y nos pusimos las botas, todo acompañado de una buena cerveza Asahi suupa dorai (super dry) ;P  Una cena divertidísima, pero extenuante debido al idioma y al cansancio.

Volando a Japón

Antes de empezar, dale al play, y deja la canción de fondo para leer este post. No mola tanto como la de liboh, pero tampoco está mal.

1.Kochi (こち) adv. l.  Aquí, en este lugar.

2.Kōchi (高知市) top. Ciudad capital de la isla de Shikoku, cuarta de las cuatro principales islas que forman Japón, siendo la más pequeña y menos poblada.

viajeY ahí es donde me dirijo hoy. Ahora mismo estoy saliendo de Manises y, dentro de 29 horas y 4 aviones llegaré a Kōchi, donde disfrutaré de una estancia de 6 meses en la Kochi University of Technology. Durante ese tiempo realizaré mi proyecto final de carrera, que estará relacionado con dispositivos multitáctiles y/o hápticos.

Dejando a un lado la parte académica-profesional (que tiene muy buena pinta, no lo voy a negar) es la primera vez que estoy tanto tiempo fuera de España, y tan lejos. Incluso hay quien lo llamaría “dejar el nido”: es el momento en que se vislumbran nuevos horizontes, inciertos, alentadores, prometedores, y variados. Pero también es el momento de mirar atrás y despedirte de la familia, de los amigos y de una vida que no sabes cuando volverás a ver, ni sabrás si todo seguirá como antes.

Pero sin tristeza no hay alegría, y me espera un país totalmente diferente al que conozco: nuevas y divertidas experiencias, amistades, viajes, emociones, oportunidades, … Un país donde hay pepsi sabor pepino y pan de melón, donde la gente va al parque simplemente a contemplar como caen las hojas de cerezo, donde la criminalidad es tan baja que ni los policías llevan pistola,  donde todo el mundo es amable contigo y te ayuda en lo que puede, donde la palabra crisis está compuesta por peligro+oportunidad, donde la gente sale los domingos a la calle disfrazada de cosplay, ….

En fin, que voy a aprovechar al máximo esta oportunidad y a pasarlo lo mejor que pueda. En cuanto llegue me compraré una cámara nueva e intentaré mantener el blog al día y subir foticos, para que sepáis que pasa por estas tierras.

Sayonara, baby!

Auditar las redes WiFi de los vecinos desde MacOS

Desde el último post ha pasado un año, durante el cual he tenido el blog abandonado. Podría poner alguna excusa, como que me estaba esperando a que funcionara el LHC, o cualquier otra chorrada, pero simplemente no había ganas y punto 😛

Pero ahora que vuelvo a ello quiero compartir con muchos de vosotros, maqueros que me leeis, la forma más efectiva de comprobar que vuestros vecinos utilizan un sistema de cifrado lo suficiente seguro para su conexión WiFi. Obviamente, la finalidad de este post es meramente educativa, para que el lector sea consciente de la fortaleza de un sistema WiFi, ya sea WEP o WPA.

Para empezar necesitamos capturar paquetes de las redes existententes. KisMAC es la herramienta perfecta para ello, ya que captura paquetes de todo tipo de redes, incluso las ocultas. La primera vez que abrimos el programa deberemos configurar el driver para la tarjeta de red, que en todos los portátiles actuales de Apple es una Airport Extreme, y elegimos el driver para el modo pasivo (promiscuo). Una vez añadido, lo seleccionamos y en el apartado Dump filter seleccionamos Keep everything, eligiendo el destino donde queremos que se guarde el log.

KisMAC permite hacer inyección de paquetes para descifrar la contraseña con otros drivers, pero no con Airport Extreme. Así que utilizaremos el programa descifrador por excelencia, la suite Aircrack, que ya se puede compilar en MacOS. La forma más cómoda es tener el gcc y el Subversion instalado (el gcc instalando las XCode Tools y el Subversion vía web), e instalar y compilar desde Terminal:

$ svn co http://trac.aircrack-ng.org/svn/trunk/ aircrack-ng
$ cd aircrack-ng
$ make
$ sudo make install

Después de reiniciar la Terminal ya tendremos los comandos de Aircrack en el path (y si no pues se añade /usr/local/bin/), así que sólo tendréis que pasarle el log creado por KisMAC como primer parámetro $ aircrack-ng Log. ya sabéis, a más paquetes capturados más fácil sacar la contraseña. También es recomendable echarle un ojo al manual de aircrack y las diferentes opciones que ofrece.

Por cierto, no me he enrollado mucho en la parte técnica para que no quedara muy largo, pero cualquier duda es bienvenida 😉