Hacer la compra

Resulta curioso hacer la compra en Japón.  Deambuleando por el supermercado puedes encontrar todo tipo de extraños productos, muchos de los cuales ni existen en España. Por supuesto, puedes encontrar algunas cosas parecidas, y los productos básicos como verduras, carne o pescado, aunque ofrecido en pequeñas cantidades. Algunas frutas y verduras se compran por unidades en vez de por peso, y aunque algunas tienen un precio similar, otras resultan increíblemente caras.  Pero lo más difícil es adivinar la función de algunos productos que no has visto en tu vida, y que, como está en japonés, no tienes ni idea de qué puede ser. Así que si te arriesgas puede valer la pena, o no. El otro día, por ejemplo, tuve la desagradable experiencia de jugarmela y perder,  resultó ser natto…

Pero lo más interesante de la compra es la caja, es muy diferente a lo que estoy acostumbrado.  Llegas al encargado y éste, muy educadamente, te dice “tiene tarjeta de socio? Le tomo la tarjeta. Le devuelvo la tarjeta”. Y después empieza a pasar cada producto a la vez que canta en voz alta la cantidad, por si acaso no ves alguna de las dos pantallas de la caja. Y si no te has divertido bastante, en el momento en que le pagas, cuenta en voz alta el dinero que le has dado, para que le confirmes la cantidad. Lo introduce, y la máquina automáticamente saca el cambio exacto, nunca hay problemas con la calderilla. En el caso de que te devuelva varios billetes, los coge doblados de una manera particular y los vuelve a contar delante tuyo, uno a uno. Parece que quieran asegurarse de que no se comete el más mínimo error, con una insistencia que roza la exageración.  ¿No te parece cómico ?

Incluso se organizan campeonatos de empleados de supermercado! Aquí os dejo una muestra. La empleada que sale a partir del segundo 0:10 viste (casi?) el mismo uniforme que el supermercado al que suelo ir, y el estilo de caja es casi el mismo: dejas tu cesta llena de productos a la izquierda, y el empleado pasa los productos por caja dejándolos en la cesta de la derecha, del anterior cliente. Cuando acaba y pagas, coges tu nueva cesta y te vas a una mesa cercana para meter tus productos en las bolsas sin molestar al siguiente cliente, y tu cesta anterior pasa a ser la nueva cesta del nuevo cliente. Bien pensado, verdad?

visita a Hiroshima

Este lunes estaba disfrutando de un buen donburi en el comedor de la universidad, cuando mi amigo Toshi me dijo: “mañana me voy a Hiroshima con un amigo y hay sitio en el coche. ¿Te quieres venir? El viaje lo paga la empresa (arubaito)”. A la tercera vez que me lo repitió lo entendí del todo y me apunté de cabeza, por supuesto, ya que el día siguiente era festivo, El día de la Cultura.

El martes salíamos de Tosayamada a las 5 de la mañana, y tras 3 horas y media, llegamos a Hiroshima. Dejamos el coche en un párking robotizado, de esos que te elevan el coche con una grúa hidráulica y lo guardan dentro de un edificio, como si metiera un par de zapatos en un cajón… por supuesto, lo grabé en video:

 

Después me despedía de Toshi y Kojirou para aventurarme en solitario por las calles de Hiroshima. Es una ciudad bastante grande, con más de 1 millón de habitantes, pero como sólo iba a visitar el centro, me desplacé andando. Primero visité el Memorial de la Paz (Cúpula Genbaku), un edificio que ha sido preservado tal y como se encontró después del bombardeo. Resulta sobrecogedor ver el impacto que tuvo una bomba causante de 140 mil muertes… Cerca de la Cúpula hay un parque con museos, cenotafios y demás, pero lo que más me llamó la atención fué la Llama de la Paz, que permanecerá iluminada hasta que se extinga la amenaza nuclear en el planeta Tierra.

A continuación visité el castillo de Hiroshima, que como era el Día de la Cultura, me salió gratis. El castillo por dentro ha sido reformado en un museo, con objetos, videos y hasta ¡ropa de samurai que te puedes probar! Resulta gracioso como se iba reduciendo el espacio entre plantas conforme subías, y arriba del todo la vista era magnífica.  También me paseé por el Santuario, al lado del castillo, donde las familias se paseaban con trajes típicos japoneses (boda? día festivo? chi lo sa? )

A mediodía nos reunimos de nuevo para degustar la comida típica de Hiroshima: Hiroshimayaki, un tipo de okonomiyaki con fideos. Buenísimo y muy recomendable, aunque el especial que me tomé llevaba de todo: cerdo, gambas, pulpo, yakisoba, … no apto para todos los gustos 😛

Camino a la estación de tren me adentré en Shukkei-en, un apacible jardín japonés que, por ser el día que era, también me salió gratis. Lo visité con prisas porque estaba impaciente por mi siguiente destino: Miyajima, uno de los parajes naturales protegidos más bellos de Japón.

Miyajima es una isla a unos 15 km al suroeste de Hiroshima, donde se encuentra el santuario sintoísta de Itsukushima. Después de 25 minutos en tren y 10 de ferry, el mar interior de Japón me deslumbró con una increíble vista de la isla. El santuario está construido sobre el agua, y la “entrada” al santuario (Toori) es una enorme puerta de 16 metros de altura que se encuentra a unos 100 metros del santuario, mar adentro. Dependiendo de la temporada y la hora a la que vayas, se puede llegar hasta la puerta, si la marea está lo suficiente baja, como fue mi caso.  Pero lo que más me asombró fué la enorme cantidad de ciervos salvajes que había por las calles, al alcance de la mano (ojo si llevas algo que se lo comen!). Por supuesto, me hinché a hacer fotos a los ciervos, incluso grabé una pelea entre dos ciervos luchando por una deliciosa revista, yummy! Finalmente me compré un postre típico de ahí, momiji manjyuu, y me volví a Hiroshima, donde me esperaban para cenar. Como llegué pronto me paseé un rato por Hondori y compré algunas cosas (benditas Hyaku-en-shop! habrá post). Y ahora, algunas fotos, que prefiero ponerlas como galería en vez de maldistribuidas a lo largo del post:

La habitación 310, 310番の部屋

Ya me lo dijo Santi: “cuando toque escribir algo, pero no sepas que contar, enseña tu casa”.  Así que allá vamos.

Vivo en el dormitorio de la universidad para alumnos extranjeros hombres. ¿Significa eso que hay otro dormitorio para las chicas? Pues sí, y más cerca de la universidad, donde también hay otro para alumnos de primer año. Pero el mío es individual, está en el mismo pueblo y tengo el súper al lado, cosa que ninguno de los otros tiene. A cambio, me tengo que hacer 10 minutos de bici todos los días para ir y otros 10 para volver. La bici es como todas las de aquí: de paseo, con cesta, dinamo+linterna, marcha única y una pinza para asegurarla. Antes de venir la cesta me parecía una chorrada, pero ahora lo veo indispensable para hacer la compra o llevar la mochila. Dado que estamos en una zona bastante rural y el transporte público es escaso y malo, casi todo el mundo se desplaza en bici o en algo más rápido, no suele haber casi gente andando por la calle.

El edificio y la habitación es la clásica de anime, si habéis visto alguno. La habitación está en un 2º piso (3º para ellos) y se accede por un pasillo-corredor al aire libre. Nada más entrar te descalzas y a disfrutar del confortable parqué. Tengo una cama normal, con mueble, colchón, etc., un escritorio, una mesa para comer en el suelo, baño propio, … y lo más interesante, una utilísima Kitchenette. Una Kitchenete es una cocina en miniatura, que en mi caso consiste de una mini-nevera, un fogón eléctrico, una pila, un armario y algunos estantes donde apenas caben todos los productos de cocina y comida. En las fotos veréis bastantes trastos, pero gracias al portero no he tenido que comprar casi nada. Me han dejado la mayoría de herramientas de cocina de anteriores estudiantes. ¡Incluso tengo un calentador de agua eléctrico, y otro de arroz! En Asia se utilizan mucho para el té, el café, comida instantánea… y la máquina de arroz es indispensable en todas las comidas, pero sólo para hacer arroz blanco.

En definitiva, un acogedor y encantador pequeño hogar. El único pero es la ducha, que es compartida y está en la planta baja (1ª). No quiero ni pensar cuando empiece a hacer frío lo que será bajar en pijama…

Mi tejado

Mi tejado

Primeros días

Ya han pasado 3 días desde que llegué, y me lo estoy pasando genial. Resulta soprendente realizar actividades cotidianas como despertarse, leer los feeds del reader (geek, I know), salir de la ducha, etc. y al volver a conectar con el mundo pensar: “¡wow! ¡Estoy en Japón!

En estos días iniciales de papeleo siempre voy a todas partes con el resto de alumnos de nuevo ingreso, que son todos chinos. Y todos chapurrean el inglés con una pronunciación y un nivel peor que un niño pequeño… pero no de esos de Aprende Inglés TV, no. De los otros. Pero lo peor es que pasa lo mismo con la mayoría de japoneses, no saben crear una frase entera decente, así que al final acabo haciendo de traductor entre chinos y japoneses… Afortunadamente, me voy a apuntar a clases de inglés con profesor nativo, así al menos mi inglés sobrevivirá… como pueda, como El PenÚltimo Superviviente.

El clima es otro cantar. La época de monzones ya ha acabado, pero debido a un par que están azotando Indonesia, aquí sufrimos cierta influencia. Entre la humedad y las nubes, todos los días está lloviendo desde que llegué. el más hardcore ha sido hoy. He estado jugando con chinos y japoneses a básket, badminton y ping-pong -me he quedado flipado con el nivel de badminton que tienen, y eso que parecía un juego chorra-. Pues para volver, con los pantalones cortos de basket, me subido en mi superbici de paseo, conectado la dinamo, puesto el chubasquero, y con un diluvio de mil demonios he empezado a avanzar por la sutilmente iluminada carretera. Pero entre los 25º que hace y la sudada debido a las cuestas, la lluvia se agradece.

Fotos próximamente! (cuando me compre una cámara decente)

Llegar a Japón

Porque una cosa es volar hacia Japón, pero llegar a Japón haciendo 3 escalas es otro cantar. Cuando te preparas para estar horas y horas en diferentes aeropuertos, matando el rato con lo que puedes, hasta acabar tremendamente aburrido…

Se dice que en España somos más permisivos con el exceso de equipaje, pero en Valencia fué el único sitio donde me cobraron por ello. Ya en Milán, la primera escala, lo único interesante de las 4 largas horas pasadas allí fue encontrar internet en los baños, y comprobar que Lufthansa (agencia alemana) no me cobraba por exceso de equipaje. Además te tratan bastante bien, y te sirven cerveza alemana en el vuelo -mmm Warstenier- aunque creo que ofendí a la azafata, porque ante la pregunta de “la cerveza está fría?” me contestó secamente “Nosotros no servimos cerveza caliente” ¿humor alemán?

Una vez en Frankfurt llegué tan pronto que incluso ví atracar al avión que 5 horas después yo iba a embarcar. Ya es la 2ª vez que estoy en Alemania, y también otra vez durante 5 horas y en un aeropuerto. Fué interesante ver cómo trabajan los técnicos y reabastecen el avión (por decir algo).

Y por fin el gran viaje, el clásico con pantalla, mando propio y sistema multimedia. Además te ponían la vista de varias cámaras (abajo, arriba, delante) colocadas en el avión durante el aterrizaje y el despegue. 3 películas y varias siestas después, por fin llegué a Tokyo. A pesar del cansancio, es un auténtico shock cultural llegar a Japón, y practicar tus primeros pinitos reales en japonés para desenvolverte… porque en inglés lo llevas crudo, me costó 4 repeticiones entender a la chica de la aduana decir “university”, pronunciado “ianivaasizi”, tal cual…

Lo interesante de Tokyo es que no me aburrí, ya que tenía que cambiar de aeropuerto, de Narita (internacional) a Haneda (vuelos nacionales), y de nuevo volver a facturar. Por tercera vez. Resulta curioso ir en un vuelo donde eres casi el único caucásico rodeado de japoneses. Esperando en la zona de embarque, cotilleé los baños, y al lado de la clásica letrina japonesa había un moderno váter con botones, sensores y chorros. El ejemplo perfecto de cómo japón junta lo viejo y lo nuevo. Por supuesto, tuve que probarlo, fué toda una experiencia 😀

Después, mientras seguía esperando y cotilleando tiendas japonesas llenas de extraños productos y curiosos sabores, me compré… ¡mi primer meron-pan! (pan de melón) Con una textura de bollicao, dulce como un buen croissant, y un suave gusto a melón… おいしかった!(estaba buenísimo).

Finalmente, mi último vuelo ha sido rápido, porque al lado mío se sentó una americana (eramos los únicos no japoneses de todo el avión), y estuvimos de charreta todo el viaje. Una chica muy maja, podéis visitar su blog aquí.

Al llegar a Kochi, vino a recogerme Kiyooka-san, encarga de relaciones internacionales de la universidad, y me ha traído al dormitorio. Pero no acaba aquí la cosa, porque habían venido a verme al dormitorio Toshi-san y Yuki-san para llevarme a cenar por ahí. Acabamos en un izakaya (clásico bar japonés) donde nos descalzamos para comer y nos pusimos las botas, todo acompañado de una buena cerveza Asahi suupa dorai (super dry) ;P  Una cena divertidísima, pero extenuante debido al idioma y al cansancio.

Volando a Japón

Antes de empezar, dale al play, y deja la canción de fondo para leer este post. No mola tanto como la de liboh, pero tampoco está mal.

1.Kochi (こち) adv. l.  Aquí, en este lugar.

2.Kōchi (高知市) top. Ciudad capital de la isla de Shikoku, cuarta de las cuatro principales islas que forman Japón, siendo la más pequeña y menos poblada.

viajeY ahí es donde me dirijo hoy. Ahora mismo estoy saliendo de Manises y, dentro de 29 horas y 4 aviones llegaré a Kōchi, donde disfrutaré de una estancia de 6 meses en la Kochi University of Technology. Durante ese tiempo realizaré mi proyecto final de carrera, que estará relacionado con dispositivos multitáctiles y/o hápticos.

Dejando a un lado la parte académica-profesional (que tiene muy buena pinta, no lo voy a negar) es la primera vez que estoy tanto tiempo fuera de España, y tan lejos. Incluso hay quien lo llamaría “dejar el nido”: es el momento en que se vislumbran nuevos horizontes, inciertos, alentadores, prometedores, y variados. Pero también es el momento de mirar atrás y despedirte de la familia, de los amigos y de una vida que no sabes cuando volverás a ver, ni sabrás si todo seguirá como antes.

Pero sin tristeza no hay alegría, y me espera un país totalmente diferente al que conozco: nuevas y divertidas experiencias, amistades, viajes, emociones, oportunidades, … Un país donde hay pepsi sabor pepino y pan de melón, donde la gente va al parque simplemente a contemplar como caen las hojas de cerezo, donde la criminalidad es tan baja que ni los policías llevan pistola,  donde todo el mundo es amable contigo y te ayuda en lo que puede, donde la palabra crisis está compuesta por peligro+oportunidad, donde la gente sale los domingos a la calle disfrazada de cosplay, ….

En fin, que voy a aprovechar al máximo esta oportunidad y a pasarlo lo mejor que pueda. En cuanto llegue me compraré una cámara nueva e intentaré mantener el blog al día y subir foticos, para que sepáis que pasa por estas tierras.

Sayonara, baby!